La comunicación no verbal en un líder es fundamental. Debe mostrar carisma, utilizar gestos fluidos, posturas relajadas y cambiar su expresión facial sobre lo que se le dice con el fin de demostrar interés ante su interlocutor.

Para trabajar en el lenguaje del cuerpo, es importante estar consciente e identificar las emociones que se tienen en el momento.

Las emociones positivas se pueden observar en la relajación de los músculos, y las negativas por el contrario los hacen contraerse.

Un líder seguro de sí mismo y optimista va a mantener sus músculos relajados, mostrando confianza, seguridad y apoyo ante su equipo. Si un líder mantuviera el ceño fruncido todo el tiempo, los integrantes podrían mostrar desconfianza ante él y en lugar de seguirlo por convicción lo harían por órdenes o temor.

Aunado a ello, el contacto visual es de suma importancia, ya que al ver directo a la cara a otra persona se muestra  sinceridad y respeto a lo que se dice. Con ello  el líder mostrará seguridad, empatía e interés.

Como ejemplo contrario, si un individuo presenta una idea al líder y éste vaga con los ojos por la habitación estará mostrando un total desinterés en lo que se le dice, generando una impresión negativa en su interlocutor.

En cuanto a los músculos, cualquier tensión es contraproducente en el lenguaje corporal del líder. Los puños cerrados, el tamborileo de dedos o las microcaricias entre ellos, mostrarán una imagen de nerviosismo, poco control y una posible intolerancia, contrario a lo que se quiere reflejar.

Otra característica importante en el lenguaje no verbal de un líder, es saludar a todos de la misma forma. Esto  evita conflictos, rencores o desconfianzas y, por añadidura, muestra a una persona carismática y amable.

En conclusión, un buen líder sabe controlar su cuerpo para que su mensaje sea entendido de la mejor manera y  éste revista la seguridad de sus acciones.

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