Un estudio de investigadores de la Universidad de Northwestern y la Universidad de Standford reveló cuál es la correlación entre roles jerárquicos y postura corporal. Veamos si un CEO realmente se comporta como un verdadero líder y lo llega a transmitir en su lenguaje corporal.

Este estudio constó de tres experimentos para comprobar si una postura influye en la demostración de poder y si ésta se relaciona con el rol jerárquico de quien las ejerce o no. El objetivo es discernir el efecto que tanto el rol o la postura tienen en el ejercicio de poder de un individuo así como en su comportamiento y pensamiento.

Para los científicos, el poder se define como el control asimétrico sobre los recursos valorados en las relaciones sociales. Puede provenir  y determinarse de muchas fuentes como, por ejemplo, el papel o rango de un individuo dentro de la jerarquía de una organización. La investigación ha apuntado a que el rol de poder tiene efectos profundos sobre el pensamiento o la conducta, puesto que el papel jerárquico se asocia con la capacidad de premiar o castigar. También se observa en la iniciativa de tomar riesgos, poner más empeño en determinadas tareas y un pensamiento de una forma más abstracta.

Investigaciones recientes indican que este estado psicológico de poder no sólo radica en los roles jerárquicos asignados sino también en el cuerpo.  En adultos, la receptividad corporal se relaciona positivamente con la dominación. Se ha demostrado que el poder en diferentes especies se expresa a través de posturas expansivas. En los humanos, estas posturas provocan sentimientos, conductas y cambios hormonales que se relaciones con un rango de alto nivel. No sólo eso, la adopción de una postura expansiva conduce a percepciones, comportamientos y respuestas fisiológicas que son observados en individuos que poseen o ejercen un rol de poder, actúan conforme a su papel y son percibidos por los demás como poseedores de poder.

Ahora bien, la postura del cuerpo puede llegar a tener una influencia más directa en conductas relacionadas con el poder que el rol mismo. De acuerdo con este estudio, la expansión del cuerpo es uno de los correlatos más aproximado al comportamiento y, en consecuencia, activa la conducta de poder de forma más rápida y directa.

En los dos primeros experimentos de la investigación, se manipuló el rol de poder a través de tareas que implicaban dirección y subordinación así como el poder representado en posturas expansivas y constreñidas. Se observó que la postura lograba afectar más la activación del poder que el rol mismo.

En el tercer experimento se les pidió a los participantes hablar sobre una experiencia en la que hubieran ejercido algún tipo de poder, ello con el objetivo de comparar el poder recordado con el poder representado.  Mientras tanto los científicos fijaron su atención a la postura. Así se pudo comprobar que las experiencias de desempeño de un alto papel llevan a pensar y a comportarse como si actualmente se estuviera desempeñando ese papel.  ¿Interesante, cierto?

En los tres experimentos la postura importó más que el rol en la determinación del pensamiento y el comportamiento. Lo cual sugiere que la expansión de la postura genera cambios neuroendócrinos que activa la sensación de poder y provocan cambios en el comportamiento claramente identificado en las demostraciones conductuales o psicológicas del poder.

En conclusión vemos que el cuerpo guarda una relación más estrecha con muchos procesos psicológicos importantes. Recuerden, el cuerpo no miente. 

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