Paul D. MacLean, físico norteamericano y neurocientífico, sostiene que nuestro cerebro está conformado por tres subsistemas producto de años de evolución humana: el cerebro reptiliano, el cerebro límbico y el neocórtex.

El cerebro reptiliano tiene la función de integrar la información que procede del exterior para poder actuar sobre ella. Esta forma de actuación es totalmente reactiva e instintiva.

Por su parte, el cerebro límbico es más sensible a las emociones, por él somos capaces de evadir el dolor y buscar el placer. Dado que el sistema límbico interactúa con el sistema hormonal y el sistema nervioso autónomo, las emociones en nosotros actúan de forma súbita generando cambios físicos como por ejemplo: aceleración del ritmo cardiaco, sudoración, tono muscular, activación del sistema digestivo, entre otros.

Dentro de las funciones del sistema límbico podemos identificar la motivación por la supervivencia,  así como la integración de señales externas e internas antes de llevar a cabo una determinada conducta.

El neocórtex, es el responsable de controlar tanto las emociones como las capacidades cognitivas como: la memorización, concentración, auto-reflexión, la resolución de problemas, razonamiento espacial, pensamiento consciente y la posibilidad del lenguaje.

El desarrollo del neocórtex no es tan diferente de las otras áreas cerebrales. Sin embargo, sí lo son sus funciones que están enfocadas en la capacidad de generar, modificar y regular un gran número de conexiones interneuronales. Esto indica que juega un papel importantísimo en la regulación y dirección del flujo de información entre las diferentes áreas neuronales y, por lo tanto, en los fenómenos de plasticidad neuronal.

En este sentido, el sistema límbico se comunica mediante emociones y los efectos que resultan de ellas: náuseas, sofocos, rabia, miedo, respiración, conductas agresivas, etc. El neocórtex, por su parte,  permite que cada uno de nosotros logremos ser conscientes de nuestras emociones y lleguemos a controlarlas, aunque no eliminarlas.

Como sabemos, las neuronas se comunican a través de corrientes eléctricas. Su localización, repetición, duración, intensidad y naturaleza en nuestro sistema determina nuestra existencia. Las neuronas están relacionadas con una función específica para cada área del cerebro.

Las conexiones neuronales influencian de forma concreta nuestros procesos cognitivos como nuestro estado emocional, el aprendizaje, la memoria o la creatividad.

Es importante saber que si  estimulamos de forma frecuente nuestra capacidad de resolver problemas se incrementará la síntesis de receptores como la dopamina. Si realizamos actividades que requieren usar la memoria, el hipotálamo presentará un engrosamiento debido al incremento de la memoria espacial. Las sinapsis se hacen más fuertes a medida que se incrementa el número de conexiones activas a largo plazo.

En este sentido, la plasticidad neuronal se ve favorecida gracias a las emociones, ya que no sólo basta con repetir constantemente una acción sino que la motivación o interés facilita la tarea del aprendizaje.

Del mismo modo, los estímulos emocionales también inducen patrones conductuales. Éstos pueden ser más viscerales o emocionales dependiendo de la carga emocional que el estímulo genere. El neurobiólogo, Antonio Damaso, señala que toda emoción es un proceso que está determinado biológicamente, cualquier ser vivo que haya desarrollado las estructuras anatómicas necesarias para el procesamiento emocional sentirá emoción, independientemente del aprendizaje y la cultura. Es decir, las emociones ocurren aunque no seamos conscientes de ello.  Al momento de tomar conciencia de la emoción se pasa a lo que conocemos como sentimiento.

Por último, las emociones se manifiestan también de forma física en nuestro cuerpo ya que provoca cambios fisiológicos visibles, pero también cambios cognitivos, por ejemplo, el enfado puede desencadenar una conducta agresiva. En resumen, el papel de las emociones es principalmente biológico, asociado a nuestro medio ambiente y encaminado a la supervivencia de nuestra especie.

 

 

 

 

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