El lenguaje de las manos es más complejo de lo que realmente creemos. En este espacio hemos hablado y dado recomendaciones sobre la importancia de un buen saludo, sin embargo, éste no es el único papel que esta parte del cuerpo juega a favor o en contra de nuestra comunicación verbal.

La palma de las manos se ha asociado culturalmente a la sinceridad, honestidad y sumisión.  ¿Te has fijado que cuando la gente realiza un juramento muestra la palma de la mano como para mostrar que está siendo sincero y transparente en sus intenciones?

En comunicación no verbal, este gesto es una de las formas principales para saber si alguien es abierto o sincero. Para demostrar que se está desarmado o no hay peligro, por lo regular se muestran las palmas de las manos. Este es un gesto involuntario  que proporciona una sensación intuitiva de que la persona quiere ser sincera o  que no está faltando a la verdad.

En el caso contrario, las manos se retraen. Como cuando un niño miente, lleva sus manos a la espalda como si escondiera algo. Del mismo modo, en adultos, la reacción ante un tema que provoca estrés o nerviosismo, como lo es una mentira, se manifiestan diversas señales corporales que indican reticencia, incomodidad o falta de voluntad para hablar al respecto.

No obstante, no olvidemos que también la sobre exageración de los gestos indican que algo no está bien y si además no es congruente con otros signos corporales de sinceridad, no puede tratarse de un acto de honestidad. Las emociones y los gestos están estrechamente vinculados.

Ahora bien, ciertos movimientos de la mano otorgan un poder silencioso a quien los ejerce. Existen tres gestos de orden reflejados en la posición de la palma de la mano: hacia arriba, hacia abajo y la mano en puño apuntando con un dedo.

La palma hacia arriba es un gesto de sumisión y como hemos mencionado, muestra que una persona no representa peligro alguno. Una orden dada con la mano de la palma hacia arriba es bien recibida, por ejemplo, cuando se invita a o se le cede la palabra a otro interlocutor, es señal de que se está dispuesto a escuchar.

La palma de la mano hacia abajo proyecta autoridad inmediata. A menos que quien esté obedeciendo una orden sea un subordinado, no habría incomodidad con la posición de la mano que si se tratara de dos personas en igualdad de condiciones, donde podría haber una posible tensión.

Ahora bien, la posición de la mano cerrada con un dedo apuntando o señalando comunica autoridad aunque de un modo que puede resultar ofensivo o molesto para el receptor. 

En experimentos frente al público, oradores que mostraron gestos para apoyar sus discursos con las palmas hacia arriba, tuvieron más del 80 por ciento de reacciones positivas contra 52 por ciento de reacciones negativas de quienes usaron gestos con la palma de la mano hacia abajo. El dedo apuntando sólo registró el 28 por ciento de respuestas favorables, lo cual nos indica el rechazo hacia este tipo de gestos puesto que generan sentimientos de intimidación entre los asistentes.  Aunado a ello, el público no fue receptivo a la información y olvidó gran parte de lo que el conferencista había hablado, además de generar sentimientos de intimidación.

La recomendación: tratar de apoyarse en gestos de apertura ya que comunican mejor y positivamente. Tratar de utilizar otro tipo de movimientos que comuniquen autoridad pero no agresión, como por ejemplo  juntar el dedo índice con el pulgar para enfatizar una oración o palabra.

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